Europa Oriental 1989. Una explicación

Las revoluciones de 1989 en el Este europeo representaron al mismo tiempo un momento de peligro y esperanza para los socialistas. De peligro, porque el colapso del estalinismo es interpretado aún hoy con enorme facilidad, no solo por los defensores sino también por los adversarios del capitalismo, como la muerte de cualquier alternativa socialista. Y de esperanza, porque la tradición marxista puede, finalmente, librarse de la basura de un “socialismo realmente existente” que nada tenía que ver con la autogestión de la sociedad por parte de los trabajadores, la propiedad colectiva de los medios de producción y la planificación democrática desde abajo. Hay buenas razones para creer que, una vez extinguido el clamor inmediato que celebra “el triunfo del capitalismo”, volvería a surgir la necesidad de una sociedad alternativa y de estrategias para realizarla.

ALEX CALLINICOS (1991)

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Partido y clase

Pocas polémicas han despertado tanto encono entre marxistas como el debate acerca de la relación entre el partido y la clase. Éste ha provocado más conflictos que cualquier otra cuestión y una generación tras otra se ha tildado de “burócrata”, “sustitucionista”, “elitista”, en el curso de la discusión. Sin embargo, los principios fundamentales del debate han quedado muchas veces sin aclarar pese a la importancia de los problemas que de allí surgen. Cuando se dividieron los bolcheviques y los mencheviques en 1903 a raíz de la discu­sión sobre el carácter y la organización del partido, muchos de los que en 1917 se opusieron a Lenin (Plejanov, entre ellos) votaron con él. Y en el campo opuesto se encontraban revolucionarios de la estatura de Trotsky y Rosa Luxemburgo. Y no era un caso aislado. Ha sido un rasgo permanente en toda discusión entre revoluciona­rios.

CHRIS HARMAN (1969)

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Cómo funciona el marxismo

Existe un mito muy difundido: “el marxismo es complicado”. Este ha sido propagado por los enemigos del socialismo –Harold Wilson, dirigente laborista británico, se ufanaba de nunca haber ido más allá de la primera página de El Capital. Y es un mito que también ha sido respaldado por un tipo particular de académicos, que se dicen “marxistas”: ellos deliberadamente utilizan frases oscuras y expresiones místicas, con el fin de dar la impresión de que poseen un conocimiento especial, negado a otros. Por lo tanto nada hay de sorprendente, en que muchos socialistas que trabajan 48 horas semanales en fábricas, minas y escritorios, acaben concibiendo al marxismo como algo que nunca tendrán tiempo u oportunidad de entender. En realidad las ideas básicas del marxismo son particularmente simples. Ellas explican, como ningún otro conjunto de ideas consigue hacerlo, la sociedad en que vivimos.

CHRIS HARMAN (1979)

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Un partido revolucionario

Durante el siglo XX los trabajadores se levantaron una vez tras otra, desafiando al sistema en su totalidad. En 1917 y liderados por los bolcheviques, los trabajadores rusos tomaron el poder en la sociedad. Luego su revolución se malograría, pero entre las lecciones que quedaron destaca el poder que tenemos los trabajadores para luchar y vencer. Los primeros años del siglo XXI han visto surgir un enorme movimiento de protesta global, al tiempo de estallar revueltas en varios países de América Latina. Uruguay no ha estado ajeno a todo esto y ha vivido un amplio proceso de reorganización de los trabajadores y de luchas exitosas. ¿Cómo pasar de la lucha por mejoras, a la lucha por derribar este sistema? ¿Quién tiene el poder para lograrlo? ¿Qué organización necesitamos? ¿Cómo han luchado los revolucionarios en el pasado? ¿Cómo debemos hacerlo ahora? De todo esto trata este folleto.

JAVIER CARLÉS (2005)

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